El guiso de la aceptación.
- Cordón 3 Dobleces

- Jan 25, 2025
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Yo tengo todo lo que necesito; estoy siempre a tu lado,
me llevas de la mano derecha.
Salmo 73;23
Muchos años antes, estaba buscando la pertenencia en lugares incorrectos. Desde los trabajos hasta los animales, era de abrirme y dar todo de mí a las personas. Cuando pasan los años y Jesús llega a mí, me muestra que no puedo entregar todo lo que le pertenece solo a él a los demás, y comienza así mi arduo trabajo por guardar todas las emociones que son solo de él y para él.
Empecé el viaje del alma, con la recopilación de eventos, y en eso, el Espíritu Santo que es tan fiel y muestra todo nuestro corazón, me llevó a lo que sería el mejor día de mi vida.
Muchos años antes, exaltaba todo sobre el lugar donde nací, desde su cultura, hasta la comida típica y lo que había en ese lugar. Llegando a vivir aquí, donde me encuentro ahora, la nostalgia, melancolía y tristeza se apoderaban, viendo atrás y añorando estar de vuelta en ese lugar. Con tantas cosas que pasé, quise traer siempre, aunque sea un poquito de ese lugar y deseaba hacer un guiso típico que ahí se acostumbra. Pasaban los años y yo exaltaba ese guiso como si fuera el último de mi vida.
Tiempo después, Jesús llega y comienza a hacer todo nuevo en mí, pero ese pedacito, que aún quedaba de mi búsqueda, sería lo que daría vuelta a mi vida con este testimonio.
Vísperas de navidad y el término de un estudio maravilloso en el ministerio: Derribando la mentalidad de pobreza, hizo que esto en mí sucediera; En este estudio, unas de las tareas fue hacer un día de nuestras vidas, una tradición. Para la temporada, mi hermana mayor me comenta, que hará el guiso de ese lugar, "mi guiso" (ella también vivió ahí) Cuando me dice todo esto, su emoción era tal, que yo me enojé tanto, y maté toda la ilusión de "la hermana festejadora", y le dije cosas hirientes que la lastimaron.
Pasando el tiempo, tuvimos que sanar todo esto, tras una serie consecutiva de eventos desagradables la una de la otra, y uno de esos días al estar solas con el café, le pregunté ¿qué sabía de mi nacimiento? y ella me responde ¡que nada! Que fui separada de ellas dos por una enfermedad fuerte y que, al aliviarme, me llevaron a otra ciudad muy pequeña, que regresé al poco tiempo a mi lugar de nacimiento, tampoco demoramos y de nuevo me llevaron a otra ciudad, y solo fueron tres años, y regresamos a mi ciudad natal de nuevo, y ahí solo estuve otros cuatro años y ya no nos vimos, hasta que nos mandaron a vivir a donde resido ahora y donde ya hice toda mi vida. Cuando hicimos las cuentas, aquí donde vivo y donde se formó mi familia y donde mis hijos nacieron, ya son ¡diecisiete años completos viviendo aquí sin pausa! ¡Dios es maravilloso!
Mis lágrimas escurrieron al darme cuenta de que el enemigo me robaba las historias, me robaba abrazar el lugar donde estoy, por añorar otro lugar que no tiene nada que ver más con mi vida, llore al ver y entender que este es el único lugar de donde no me regrese a ningún otro, y que este lugar fue el que mi Jesús me dio para formar mi historia, aquí lo conocí, aquí está la historia de amor con él, aquí nacieron mis hijos, él, aquí me plantó y aquí eché raíces y crecí en él.
En ese momento, me perdoné por rechazar esta tan bella y hermosa ciudad, y abracé por completo mi identidad, su cultura y sus costumbres, abracé ser verdaderamente veracruzana, y entender que aquí es donde están mis raíces.
Agradezco que anduvo mi alma buscando su lugar, y que Jesús me lo mostró y me encontró. Que él me llenó de su amor, y aquí tengo todo, porque está él.
Y abrazo por completo lo que me dio, y me ha dado, hice las paces con este hermoso puerto, el puerto de la Paz. Y declaré que soy veracruzana, que no hay ningún lugar que ame más que estar aquí. Y agradezco tanto el guiso que hizo que todo esto saliera y que aceptara y soltará aquel lugar, que mi alma descansara en Jesús, y a mi hermana perdonarme por haberle hecho sentir ese mal. Agradezco el lugar que vio nacer a mis hijos, y ahora todas las piezas de mi alma están en su lugar, recogí todo lo que pude haber esparcido por cualquier lugar y sé que estoy totalmente completa con lo que Su amor me da, pues mi Jesús jamás se equivoca, el negar cada día mi lugar de vivir, era decirle día a día que él se equivocó en traerme aquí, y le pedí perdón, y abrazo cada día más mi ciudad, mi estado y todo lo que aquí se ha formado y a las personas que aquí me ha dado.
Y es que ¿cómo no amarlo? si aquí, tengo todos los testimonios que por su sangre poderosa me ha permitido dar, aquí estoy plantada, y aquí heche mis raíces y he visto sus frutos, por la bondad de mi Dios. Gracias por cada día y cada detalle que haces Jesús. Hoy sé que estoy completa y que pertenezco a este lugar.
En el Nombre de Jesús oro también por ti, si al igual que yo estaba, aun no te encuentras, aun no sabes en qué lugar estas, para que ese sentido de pertenecía se desarrolle en ti, y que nazca y ames cada vez más el lugar donde estes, sea desierto, espera, o tierra prometida, abraza fuerte el lugar donde él te ha plantado. Amén y amén.
Sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará. Salmo 1;4.

Sara.
C3D MINISTERIO.







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